Marketing olfativo: el olor personalizado

Marketing olfativo

¿Quién no ha leído el libro “El Perfume” y no ha acabado oliendo? ¿Quién no obstante ha visto la película y no ha olido nada? La nariz es sabia, y de ahí el dicho “me da en la nariz que….” y en muchas ocasiones es acertado. Cuenta la leyenda que el primero en utilizar el olor en su estrategia de marketing fue Disney en sus parques temáticos, con el olor a palomitas. Hoy en día, muchas empresas tienen un olor característico, que guía al consumidor a decir… ¡por fin en ¿Massimo Dutti?! o… ¡sácame de la ¿Quirón?!

Según diferentes estudios, el 75% de las sensaciones al cabo del día son por el olfato y el 35% de lo que se huele se recuerda. Estamos condenados y las empresas lo saben bien, porque el marketing olfativo mejora la experiencia de compra e incrementa hasta casi un 15% el deseo consumista y otro tanto la permanencia del cliente en lugar de compra.

Olores, fragancias, aromas… ¡de todo tipo! Vainilla (confianza), sándalo (tranquilidad y protección), flores (nostalgia), cítricos (ansiedad por comprar compulsivamente), madera o piel (estabilidad), enebro (permanencia en el negocio o relax) y un largo etcétera.

Más de uno quiere salir corriendo todavía al recordar el spot ¿A qué huelen las nubes? pero lo cierto es que cabría plantearse: ¿a qué huele mi empresa? (¡no tus compañeros!) ¿qué olor le pondrías si te dejaran elegir? (¡no la colonia que le regalarías!). Demasiadas emociones. El día que el jefe viene contento todos a darle al spray de hierba recién cortada; el día que viene más cabreado que una mona…¿a qué huele el infierno? Menos más que sabemos adaptarnos, y si no que se lo digan a José Mota.

¡El siguiente!

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